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La paz empieza en mí

El mundo está revuelto. Revueltísimo. Y lleva mucho tiempo así. Pero cada vez lo sentimos más cerca, más bajo nuestros pies. Este movimiento que como temblor de tierra viene a sacudirnos, a sacar a la luz toda la oscuridad que llevamos cargando desde hace demasiado tiempo, viene también a sacar nuestra luz. Pero antes de atrevernos a confiar en el poder de lo que realmente somos, hemos de hacer las paces por dentro. Aceptar que llevamos ira, miedo, odio, un dolor enorme que se agita con cada memoria del pasado y quiere encontrar culpables a toda costa. Aceptar que culpar al otro nos debilita, nos pierde de nosotros mismos. Aceptar que todos estamos en el mismo barco y que para que flote hemos de colaborar buscando la humanidad que nos une. No digo que sea fácil. Digo que es lo que nos toca.  Si nos paramos a pensar conocemos un montón de personas del  pasado o del presente que han cambiado el mundo con pequeños actos que al tocar a otros han ido creciendo. Nada nos diferencia de esas personas.

Nos toca crecer, aceptar la responsabilidad de lo que mueven nuestros hechos y palabras. La decepción es una plaga en nuestro tiempo. Con el mismo esfuerzo podemos sembrar ilusión y belleza en cada acto, con cada sonrisa al pasar, con cada conversación o cada post en las redes sociales, a cada instante de nuestros días y los frutos serán mucho más apetecibles y necesarios. Todo lo que nos ha traído hasta aquí no es nada comparado con todo lo que podemos llegar a conseguir si aceptamos nuestro poder de crear el mundo que deseamos. Un mundo en el que la paz empiece por mi. No esperemos a que lo hagan otros.  Como decía John Lennon: Imagina. Y de paso haz algo al respecto, lo que envíes al mundo es lo que te va a ser devuelto.

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