Entrevistas, Escritos
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Entrevista a Mercedes Ochoa. Premio Nacional de Circo 2014.

Mercedes Ochoa Balmaseda, o Merche 8A, como se la conoce en su ambiente, ha sido la ganadora del Premio Nacional de Circo 2014. Sí, mujer, esta riojana que comenzó su andadura teatral recorriendo pueblos con doce años y que conoció y se enamoró del mundo del payaso de la mano de Berty Tovías en Barcelona…Sí, esta del pelo rojo chillón… Que es payasa profesional desde 1993 y profesora de clown desde hace más de 20 años…¿Que no la reconoces?  No importa. De todas formas queríamos darnos el gusto de charlar con una  payasa de verdad. Y después de esta entrevista, ya podrás decir. ¡Ah! sí, claro, la Merche!

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¿Naciste o la vida te hizo payasa?

Me hice payasa por casualidad porque empecé haciendo teatro en la Rioja y yo era la mascota del grupo, la más pequeña, íbamos de pueblo en pueblo y yo encantada. Luego empezaron ya con las cosas dramáticas y yo tan contenta, pero la cosa es que conmigo se reían y eso sí que fue un drama para mí. Hasta que me vine a Barcelona y descubrí el clown con Berty Tovías. Ahí vi que yo me entendía y me entendían, así que decidí continuar.

He visto en algún sitio que tu madre de pequeña te llamaba “cascabel”…me parece precioso…

Eso es muy riojano. Y sí, es bonito. Tiene algo de cariñito y de ser movida y alegre, tiene su punto, sí, me va bien. Estaba siempre haciendo el idiota, bailando con balletas en los pies y cosas así. También me decía ¡qué boba serás! pero con cariño…

El de payaso es un oficio tan antiguo como el mundo, ¿qué le mueve al payaso o la payasa que llevamos dentro?  ¿Cuáles son sus cualidades?

Yo creo que sobre todo la honestidad: decir las verdades desde tu lugar. Y también la vulnerabilidad: hay que ser valiente para dejarse ver así, es de todo menos fácil. Luego claro, hay que tener los armamentos de la profesión. Saber qué estás haciendo y cómo lo vas a hacer para que se entienda bien.

¿Cómo recibiste el Premio Nacional de Circo? ¿Qué te parece el que se mencione la representación  de todas las mujeres payasas que trabajan en el circo en España?

Primero pensé que me estaban vacilando. No lo esperaba para nada. Casi les cuelgo. Cuando me dijo: ¿Es usted Merche Ochoa? Ha recibido el Premio Nacional de Circo, le dije: ¡Sí hombre!! Me lo tuvo que volver a repetir. Cuando llegué a casa seguía pensando que me vacilaban pero ya empezó a sonar el teléfono sin parar y me lo tuve que ir creyendo. Fue un shock. Y por la otra parte, es emocionante y una  responsabilidad. Me parece muy bonito que se mencione a todas las mujeres de la profesión, que hay muchas trabajando y haciéndolo muy bien.

¿Es más difícil dedicarse a esto por ser mujer? Entre tanto, hay ya festivales internacionales sólo de payasas…

Pues parece que es más difícil que te reconozca el público en general, que se nos visibilice. Si vas a un festival  a nadie le extraña que sean todo payasos en el cartel y si hay una payasa ya cierran el cartel. Yo no digo que tenga que ser 50-50, pero con la cantidad de buenas payasas que están trabajando ahora mismo, era como para que tuvieran más peso en los carteles.

Lo de los festivales sólo de payasas, pues es como las ONGs, serí a mejor que no existieran,¿no? porque no hiciera falta. Pero bueno eventos así nos sirven para hacer ruido y que nos miren, porque tenemos que continuar abriendo brecha. Porque nosotras no somos las primeras,¿eh? Payasas siempre ha habido y ahora mismo hay muchas y muy buenas. Por nombrar algunas: Pepa Plana, Virginia Imaz, Las Pituister, Decopivolta …

Un oficio tan hermoso, puede llegar a ser despreciado por la falta de comprensión de la profundidad del mismo, pareciera que  el humor es algo vanal, ¡cuando es tan necesario!…

La verdad es que está muy machacado el término. “Payaso” y “payasa” se ha utilizado mucho como insulto y “circo” se utiliza mucho en los medios y en la calle para cosas que a nosotros nos ofenden.  Como todo, es conocer la realidad. Cuando la gente se acerca a los cursos de formación se sorprende de ver que esto es más de lo que esperaba. Al público tenemos la responsabilidad de mostrárselo nosotros los que actuamos y los medios también tienen su parte en mostrar nuestro trabajo con el cariño y el respeto que merece.

Otra de tus pasiones y dedicaciones está en el mundo de la narración oral… ¿Cómo entraste en él y qué es lo que te aporta a diferencia del clown?

Como casi todas las cosas buenas en la vida, la narración me llegó también por casualidad. Muchos de mis alumnos de clown eran cuentacuentos, narradores… y me empezó a picar la curiosidad. Se me presentó la posibilidad de hacer un curso y me encantó. Me di cuenta de que en la base era lo mismo: buscar la propia voz. Cada clown es diferente porque tiene una única forma de expresarse y cada narrador es distinto por esta misma razón. La raíz común es la honestidad. Sólo puedo contarte con lo que soy, con lo que tengo. Al principio tuve conflicto con el texto, pero después vi que sólo tenía que contar. La palabra no es lo único, están las voces, el cuerpo…

¿Tus narraciones son siempre divertidas? ¿Qué ingredientes les pones? ¿Tienes temas recurrentes?

Como es lógico tengo debilidad por las historias divertidas y aparece el mundo del payaso, pero la narración me ha servido para conseguir ponerme en otro lugar, en ese registro más dramático. Mis temas recurrentes serían el humor y las voces de mujer, porque soy mujer. Mi primera narración en solitario fue “Hadas, hechiceras y heroínas”…un tema apasionante con cuentos de la tradición, cuentos inventados por mí y algunos otros tuneados. Después tengo una compañía con tres mujeres llamada Son3de3 con quienes hemos hecho cuentos eróticos y cuentos de toda una vida para los distintos momentos de la vida de una mujer.

Dices que para ti enseñar es un privilegio. Empezaste muy joven a impartir clases y ahora ya tienes tu propio “Rinclowncito”…

Si. Ya estamos en el cuarto año lectivo y ha sido un regalo de la vida. La cosa se empezó a poner más complicada con las escuelas de teatro y surgió este local y el proyecto anda solito. Bueno, en realidad, con mucho trabajo, pero muy contenta, porque es un lujazo poder trabajar sin presiones externas y tener un lugar de formación regular de clown. Es un tesorito.

Tus alumn@s dicen que eres una profesora de las que da alas y confianza… ¿Qué te dan ell@s a tí?

Yo aprendo muchísimo de ellos. Al enseñar te ves muy reflejada en los miedos, los logros, las dudas, los hallazgos, todos los procesos de cada uno. La gente se te entrega al 100% y eso es un regalo. No ponen en duda, prueban, se tiran a la piscina…Es un acompañamiento muy enriquecedor. No es sólo una experiencia profesional, sino humana.  Son momentos mágicos que no se vuelven a repetir y de alguna forma te pertenecen. Y lo que consigues en el escenario te lo llevas para la vida porque ¿qué vas a hacer, cogerlo de nuevo? ¡qué va! lo dejas ahí…

El ser payasa debe tener más usos de los que una se pueda imaginar. Usos curativos. Usos sociales. Las experiencias como Payasa sin Fronteras deben ser fuertes, ¿quieres contarnos alguna?

En estas experiencias recoges muchas cosas hermosas, pero son momentos duros. Trabajar con “chavales de la cola” en …… y después volver aquí a dar tus clases, uff!…Te adaptas más rápido cuando vas de acá para allá que cuando vuelves. A la vuelta hay que digerirlo, porque dices ¡Vaya mundo! En realidad somos un tercio los que estamos medio bien. Por un lado te resitúa, ya no ves los problemas que te parecía que tenías porque en realidad lo tuyo no es nada…Pero sí es bonito ver como viven los chiquillos un bolo, porque se divierten un rato, se ríen y agradecen que te acuerdes de ellos desde el otro lado del mundo.Cuando ríes te olvidas de todo. Te reseteas. Es lo que ellos necesitan. Siempre digo que la risa es la respiración del alma. Nos da aire.

“Ser payasa es una forma de vida, una forma de comunicarse” ¿la sigues manteniendo cuando te quitas la nariz de goma? Un consejo para las menos payasas o payasas que aún no han salido del armario para llevar la risa y la sonrisa a nuestras vidas:

Que se rían de sí mismas, sin pudor, que todos nos equivocamos, que el mundo no se acaba por una mancha en la camisa o un tropezón en la puerta del banco. Relativizar. Reírse de uno mismo con los demás es muy sano. Pero eso sí, poniéndote tú también en el ajo, no cocinar las risas a costa de otros. Eso sienta estupendo.  Y otra cosa que todo el mundo hace: hacer cosas ridículas cuando nadie te ve. Sólo que hay que hacerlo con más frecuencia, más a menudo.

 

Publicada en el tercer número de Gansos Salvajes magazine

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