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el agua y la roca

Nuestro mundo está herido. Lo femenino ha sido despreciado durante miles de años, y esa es la herida, pero su valor está dentro de cada ser porque cada ser es femenino como también lo es masculino. Cuando llevábamos lo masculino y lo femenino con amor dentro de cada cual, la tierra estaba contenta, el agua corría, el sol brillaba y las montañas dibujaban un seguro horizonte. Pero  se rompió el equilibrio, el agua fue ensuciada,  y las montañas  dejaron de sentir sus raíces y no supieron mantenerse en su lugar.

Día a día este conflicto interno nos muestra su peor cara en el mundo, violencia, maltratos, violaciones, pero también por dentro: falta de amor propio, falta de seguridad, falta  de creatividad, falta de capacidad de acción, falta de raíces.

La paradoja es: la energía femenina es la que puede restablecer el equilibrio pero para ello necesita amar y aceptar la energía masculina en su interior que también le ha dado vida y le da la fuerza que necesita para cambiar las cosas, para poner los límites en su mundo, para decir: hasta aquí hemos llegado, lo demás es pasado y a partir de ahora comenzamos una nueva conversación.

Y el agua siempre fluye, y vuelve a ser clara y vuelve a ser vida y al final es el agua quien moldea la roca.

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